Respiración: el gigante dormido.

¿Quieres saber unos datos curiosos sobre la respiración? Normalmente respiramos unas 21000 veces al día. Con la respiración movemos entre 7200 y 8600 litros de aire cada 24 horas, los 7 días de la semana a lo largo de nuestra vida. Siendo esto tan importante… ¿por qué prestamos tan poca atención a nuestra respiración?

Los músculos respiratorios son esenciales para la vida. Realizan su función contrayéndose rítmicamente  y generan las presiones necesarias para la ventilación durante toda la existencia de la persona. 

La respiración es un proceso de dos fases, una activa, la inspiración, y otra generalmente pasiva, o espiración. Para ello tenemos dos grupos musculares distintos los inspiratorios y los espiratorios. Suele considerarse más importante la función de los músculos inspiratorios ya que su contracción es imprescindible para conseguir la entrada de aire en los pulmones. Entre los músculos inspiratorios destaca el DIAFRAGMA

Vista Superior del Diafragma
Vista superior del diafragma

El diafragma se halla dividido en dos porciones, cuyos orígenes y funciones son tan diferenciados que se ha llegado a proponer que se consideren como músculos distintos. Por un lado, el diafragma costal (anterior y lateral), que actúa como un émbolo y es el responsable directo de generar el gradiente de presión respiratoria. Por otro, el diafragma crural (localización posterior), que fundamentalmente fija las diferentes estructuras para permitir la óptima función de los demás músculos respiratorios. 

Sin embargo, existen otros músculos que actúan auxiliando al diafragma en la función inspiratoria, los intercostales externos y un grupo especial de intercostales internos, denominado paraesternales. Además hay toda una serie de músculos inspiratorios secundarios.

Cuando los músculos inspiratorios se contraen, tienden a aumentar el volumen de la caja torácica, produciéndose un cambio en la presión intrapulmonar que hace que pase el aire. Poco después, los músculos inspiratorios se relajan y se inicia pasivamente la espiración. Sin embargo, existen circunstancias en que es necesario facilitar la salida de aire (esfuerzo, enfermedad pulmonar, tos). En ese momento, el organismo puede recurrir a la contracción de los llamados músculos espiratorios. Fundamentalmente, los de la llamada prensa abdominal (oblicuo externo, oblicuo interno, transverso y recto del abdomen) y los intercostales internos, con excepción de los paraesternales.

La fisioterapia respiratoria en pacientes con enfermedades respiratorias mejora su capacidad ventilatoria y su calidad de vida. Pero también se han investigado los beneficios del entrenamiento de la musculatura inspiratoria en otras poblaciones con resultados interesantes:

  • En poblaciones de edad avanzada se ha demostrado que un programa de entrenamiento de la musculatura inspiratoria durante 8 semanas mejoró su equilibrio dinámico, muy interesante para reducir el riesgo de caídas.
  • En obesos. Se examinó los efectos de 6 semanas de entrenamiento de músculos inspiratorios sobre biomarcadores de salud, función pulmonar y resistencia aeróbica. Los resultados demuestran que el entrenamiento de músculos inspiratorios en eficaz para mejorar la capacidad aeróbica de ejercicio y la fuerza de los músculos inspiratorios 
  • En dolor lumbar. Se analizaron los resultados de un programa de entrenamiento de la musculatura inspiratoria durante 8 semanas, 7 días a la semana, dos veces al día.  Los autores concluyeron que el entrenamiento de los músculos respiratorios mejora la función respiratoria, incrementa la actividad muscular del core y reduce la intensidad del dolor lumbar en atletas
  • En ciclistas y atletas. Se demostrado cómo un correcto plan de entrenamiento de los músculos respiratorios aumenta la fuerza, la capacidad de resistencia de dicha musculatura y el rendimiento deportivo.

Ante estos resultados adquiere mayor importancia que incluyamos en nuestros entrenamientos la respiración. Sin duda, se trata de un GIGANTE DORMIDO al que hasta hace poco no se le está dando la importancia que tiene.

Aunque podemos encontrar en el mercado diferentes dispositivos para el entrenamiento de la musculatura inspiratoria, es preferible acudir a tu fisioterapeuta para que te ayude a establecer un programa de entrenamiento muscular respiratorio  de acuerdo a tus objetivos.

Dolor Crónico. Los 9 Mandamientos para combatirlo.

“Quien sabe de dolor, todo lo sabe”

Dante

¿Qué sabes sobre el dolor crónico o agudo? ¿de dónde viene? ¿a dónde va? Son muchas las preguntas que pueden aparecer en torno a un concepto con el que todos/as interactuamos a diario: el dolor crónico. Parece algo simple, pero solo lo parece. Hay científicos que dedican su carrera a estudiarlo e intentar entenderlo: el origen, la función o los componentes del dolor crónico. Cada día se descubren cosas nuevas sobre el que nos acercan poco a poco a su comprensión.

G. Lorimer Moseley y David S. Butler son dos importantes investigadores del dolor. Han escrito libros muy interesantes que nos ayudan a entender el dolor y sus mecanismos. Para nosotros son libros de referencia que nos encantaría que los pacientes leyeran.

En su último libro Explain Pain Supercharged, recogen lo que para ellos hay 9 ideas que todos tenemos que tener claras sobre el dolor. Pueden que algunas no sean fáciles de entender pero son el primer paso para adquirir nuevos conocimientos.

  1. EL DOLOR SIEMPRE ES REAL. Muchas cosas contribuyen al dolor. Todo dolor es una respuesta a lo que tu cerebro considera una situación de amenaza para tu cuerpo. El dolor puede ser complicado pero siempre es real

2. APRENDE MÁS SOBRE TU DOLOR. comprender el dolor persistente es realmente importante. Sabemos que comprender tu dolor es esencial para que desaparezca.

3 . EL DOLOR NO ES IGUAL AL DAÑO TISULAR.  Todo el dolor es real, no importa que lo esté causando. Lo que sorprende a la mayoría de personas es que puedes sentir dolor cuando no hay daño en los tejidos. Aceptar que probablemente no sea un daño físico el que cause el dolor puede ayudar a que tu dolor desaparezca.

4. EL DOLOR ES IGUAL A PROTECCIÓN. El dolor y el daño tisular no siempre están relacionados. Esto se debe a que el dolor está ahí para darte una información continua sobre el estado de los tejidos de tu cuerpo. Está ahí para protegerlos de cualquier cosa peligrosa. El dolor llama tu atención y la insta a actuar para evitar ese peligro.

5. EL DOLOR DEPENDE DEL CONTEXTO. El propósito del dolor es la protección, razón por la cual el dolor puede ser influenciado y mantenido por cualquier cosa que piense, crea, vea o escuche. Cosas que suceden en tu cuerpo, personas en tu vida ¡Cualquier cosa!

6. DOLOR Y TU PROTECTÓMETRO. Nuestros cerebros son tan inteligentes y tan buenos para protegrernos, que cualquier evidencia que suponga peligro puede aumentar el dolor, y cualquier prueba de seguridad puede rechazarlo. Estas señales de peligro y seguridad pueden esconderse en lugares difíciles de encontrar. Este protectómetro interno monitorea constanmente el equilibrio de estas señales.

7. TU SISTEMA DE DOLOR SOBREPROTECTOR. Sin embargo, a veces se vuelve demasiado celoso. Esto se debe a que todos los sistemas biológicos del cuerpo tienen errores. Entonces, cuanto más tiempo tengamos dolor, más efectivo será el sistema y más protector será el área del cuerpo.

8. VUELVE A ENTRENAR TU SISTEMA DE DOLOR. Así como el sistema del dolor aprendió a ser sobreprotector, puede volverse a entrenar para que funcione gracias a la bioplasticidad. La bioplasticidad es la capacidad de los tejidos corporales y los sistemas de todo el cuerpo para adaptarse a las experiencias de aprendizaje.

9. SER PROACTIVO SOBRE TU DOLOR. Hay pruebas abrumadoras de que los mejores tratamientos para prevenir y superar el dolor persistente implican planificar con anticipación, tomar el control y tener un enfoque a largo plazo. ¡llevará algún tiempo, pero se proactivo y sienta los beneficios!

Es probable que al leer esto algunas ideas sean rechazadas. En ocasiones para aprender hay que desaprender y es una tarea difícil para el cerebro.

No dudes si tienes alguna duda sobre la información de esta entrada en contactar con nosotras por aquí o en la consulta. Estaremos encantadas de hablar sobre ello.

Fragilidad y Actividad Física

La fragilidad es un síndrome caracterizado por una disminución de la reserva biológica y función de múltiples sistemas que ocurre durante el envejecimiento o tras una enfermedad. Esto coloca a las personas en mayor riesgo de consecuencias relacionadas con la salud, como discapacidad, hospitalización y mortalidad. El 21% de los adultos mayores de 65 años presentan signos de fragilidad en España. 

Con los años los adultos mayores van reduciendo su nivel de actividad y aumentando el tiempo sedentario. Les cuesta cada vez más realizar tareas que comprendan un esfuerzo físico y se sienten más cansados, más frágiles

Las personas frágiles muestran síntomas como pérdida de peso, debilidad, cansancio, lentitud en la marcha e inactividad física. Ante estos síntomas es importante determinar el estado físico, mental y nutricional. En función de los resultados podremos clasificar el grado de fragilidad del adulto mayor.

Pero hay buenas noticias, la fragilidad puede ser reversible y prevenida a través del  tratamiento multidisciplinar: médico de atención primaria, nutricionista, psicólogo…

La fisioterapia tiene un papel importante en este proceso de recuperación ya que la actividad física es un tratamiento específico y eficaz para la fragilidad. Los fisioterapeutas podemos ayudar a estos pacientes estableciendo un programa de ejercicios personalizados que comprendan su nivel y sus objetivos.

Desde casa también podemos empezar a promover el cambio si les dedicamos algo de tiempo a estas personas. Os preguntaréis qué podemos hacer. Tenemos que tener en cuenta en las personas frágiles tres factores fundamentales:

  • El nivel de actividad física. Con 20 minutos cada día de una actividad física de moderada a intensa obtendríamos grandes beneficios para la salud. Las personas frágiles no cumplen este objetivo, sino que además tiende a realizar actividades físicas de un nivel muy bajo de intensidad que es menos exitosa para prevenir o revertir la fragilidad. Una manera sencilla de determinar el nivel de actividad de nuestros mayores, es anotar el número de minutos de actividad física y cuántos días a la semana lo realiza

“¿Cuántos minutos de actividad física? ¿Cuántos días a la semana?”

  • El sedentarismo en los adultos mayores es más del 50% del tiempo que pasan despiertos y aumenta al 70% en las personas frágiles. La duración de los episodios de sedentarismo es un factor determinante en el grado de fragilidad.
  • Las razones por las que no alcanzan los niveles de actividad física y su disposición para mejorar marcan el inicio de la recuperación y los objetivos que nos tenemos que establecer. Personas mayores que tienen miedo, entorno social no favorable, la negación a la actividad… presentan más dificultades para combatir la fragilidad.

En función de los factores descritos ten en cuenta las siguientes ideas qué pueden iniciar el cambio:

Educar sobre los beneficios del ejercicio ayudarán a comprender la importancia de volverse más activos en la medida de lo posible y motivarán a la persona a realizar cambios en su rutina diaria

Promover la actividad física sin abrumar. Puedes ayudarle a establecer pequeños objetivos reales de actividad física que puedan realizar con seguridad dentro de su entorno. 

Reducir el número de episodios de sedentarismo y/o disminuir la duración de ellos es otro modo de comenzar a cambiar.

Una forma muy simple de motivar y lograr cambios es sumar minutos o pasos. En este sentido las nuevas tecnologías nos pueden ayudar a ver la progresión y, sin darnos cuenta, sentir los beneficios de esa actividad.

No hay que rendirse, como J.H. Pilates dijo  “Roma no fue construida en una hora. Por lo que paciencia y persistencia son cualidades imprescindibles en el logro de cualquier esfuerzo que merezca la pena”.

J.H Pilates

En Enero me apunto al gimnasio: tres consejos para no fracasar

Después las navidades llegaron los buenos propósitos, entre ellos, “voy hacer más ejercicio”. Estás totalmente decidido/a y te vas a apuntar al gimnasio. Nada más darte el horario todas las clases te parecerán interesantes por lo que vas a ir todos los días:“No falto ni uno”.

Aquí van tres consejos para no fracasar y alcanzar tus objetivos:

  1. Si llevas el mes de diciembre sin hacer deporte o incluso algún mes más deberías tomártelo con calma, Roma no se hizo en un día. Tenemos que plantearnos de dónde partimos y a dónde queremos ir para obtener éxito. Un plan de trabajo real que tenga en cuenta nuestro nivel, los días que podemos entrenar y los días que debemos dejar de recuperación. Imagina que llevas un día entero sin comer y entras en un buffet libre, es probable que el hambre te haga comer mucho y eso te provoque una indigestión. Pues igual sucede con el ejercicio. Al principio, escucha tu cuerpo.
  2. Si estás saliendo de una fase de dolor o tienes enfermedades que te causan dudas sobre qué deporte hacer o cómo iniciarlo, no dudes en buscar ayuda de tu fisioterapeuta. El/ella sabrá ayudarte y orientarte para acondicionar tu cuerpo y poder incorporarte como uno más a la actividad física que elijas.
  3. No te vengas abajo y pases del todo a la nada. Es tentador saltarse alguna semana el plan de entrenamiento, pero no lo alargues con excusas porque es probable que después de unos días no vuelvas a ir al gimnasio, aunque lo sigues pagando, porque estas seguro de que en algún momento de tu vida volverás… Buscar el equilibrio entre el tiempo de trabajo, vida social, vida familiar…es difícil, pero no imposible. 

No desistas y se perseverante. Cuando me preguntáis que deporte debéis hacer siempre os digo lo mismo, el que más te guste y más te motive para ir  (sin ser una locura, claro está). A veces cuesta encontrar cual es nuestro deporte que nos aporta el mayor beneficio físico y mental, pero las posibilidades son infinitas, solo es cuestión de probar y probar. Jamás pienses que “definitivamente el ejercicio no es para mí, porque estoy peor” porque el ejercicio es la mejor medicina que le puedes dar a tu cuerpo.

¿Qué me pongo frío o calor?

Oye y ¿para esto, qué es mejor, frío o calor?

Cualquier persona con una lesión

¿Cuántas veces me harán preguntado a lo largo de mi vida profesional? Familiares, amig@s, pacientes. Es una pregunta muy común, ya que es un tema que genera muchas dudas.

Antes de aclarar esta duda universal, es mejor definir un concepto muy importante a la hora de tomar la decisión de aplicar frío o calor: LA INFLAMACIÓN

La inflamación se denomina en medicina con el sufijo –itis, sufijo que encontramos en patologías como la artritis, tendinitis, bursitis, faringitis, conjuntivitis, etc… La forma en la que se manifiesta la inflamación es la siguiente:

Dolor, que aparece por la activación de nociceptores.

Calor,  aumenta la temperatura de la zona inflamada, por la vasodilatación.

Rubor, enrojecimiento de la zona debido también a la vasodilatación.

Tumefacción, formación de edema por aumento del líquido intersticial.

Pérdida o disminución de la función, por la suma del resto de manifestaciones.

Hay una inflamación que es fisiológica y es un mecanismo estupendo para ayudar al cuerpo a recuperarse, por lo tanto no es recomendable eliminarla. El problema viene cuando este mecanismo se exacerba y se expande por los tejidos.

“Se me puso el pie como una bota”

¿te suena esta frase?

Esto si es un problema, ya que se genera una hipoxia (falta de oxígeno) en los tejidos de alrededor, que están sanos y no deberían sufrir innecesariamente.

Pongamos como ejemplo el tejido nervioso. A los nervios no le sienta nada bien esa falta de oxígeno. Un edema cercano al nervio, puede llegar a comprimirlo y generar una serie de síntomas molestos y dolorosos o incluso provocar una lesión en el mismo. 

Al contrario de como mucha gente piensa, la aplicación de frío en la zona inflamada no “elimina” ninguna inflamación, pero si que ayuda a disminuir esa hipoxia secundaria y por lo tanto con el frío limitamos esa expansión de la inflamación a los tejidos de alrededor de la lesión.

Por lo tanto, ante una caída, traumatismo, esguince, tendinitis…aplicar frío es la mejor opción, excepto si el traumatismo a ocurrido en la columna vertebral (cervicales, lumbares…) porque la sensación de frío no es agradable y puede generar más tensión y rigidez en la zona.

¿Cómo aplicar frío en una lesión?

  • Procura que sea dentro de las primeras 48h.
  • Unos 10 min seguidos
  • Puedes usar bolsa de gel frío, guisantes, hielo…pero procura que no sea directamente sobre la piel porque puede quemarte.
  • Deja por lo menos una hora entre aplicación y aplicación.

Entonces, ¿para qué esta indicado el calor?

El calor aumenta el flujo sanguíneo, genera una sensación agradable, reduce el dolor y te permite moverte mejor.

Melzack&Wall desarrollaron, ya en 1965 la Teoría de la Compuerta que resumiendo, viene a decir que estímulos no dolorosos, en nuestro caso un estímulo térmico como el calor cierra la “puerta” al estímulo doloroso para que no viaje al cerebro. Es algo así como que el calor pasa antes por la puerta que a hacia tu cerebro y la bloquea para que no pase nadie más.  

Así que usaremos el calor en las zonas dolorosas en las que no encontramos inflamación: una contractura, una sobrecarga, una articulación con artrosis…

¿Cómo aplicar calor?

  • Debe ser un calor seco
  • No sobrepasar los 50º
  • Mantener unos 20 minutos y retirar.
  • Dejar pasar al menos 2h entre aplicaciones.

Es muy importante que respetes el tiempo de mantenimiento, pues no es raro encontrar quemaduras por la exposición prolongada al calor, aunque este no sea extremo.

Así que  sentido común ante todo e información.

Si ayer estaba bien, ¿por qué ahora tengo dolor?

Si yo estaba bien… ¿por qué ahora tengo dolor? Seguro que algunos nos sentimos identificamos con esa frase porque en algún momento de nuestra vida la hemos pensado.

¿por qué tengo dolor?

Tu vida es una rutina diaria: te levantas a la misma hora, te vas a trabajar, vuelves, haces las tareas del hogar… un continuo de tareas que hacemos sin ser conscientes de nuestro cuerpo (se agacha, se levante, sube un brazo, coge peso…).

Hasta que un día comienza un dolor (cuello, hombro, lumbar…) que nos llama la atención con cierta frecuencia dentro de algunas de nuestras tareas. Es cuando comienzas a pensar que has podido hacer para producir ese cambio y no encuentras respuesta. -“Pero si yo estaba bien, he realizado lo de siempre, no ha cambiado nada, por qué ahora tengo dolor?”– Piensas

Nuestro cuerpo posee unas capacidades físicas básicas: fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad, cada uno las suyas, que fluctúan a lo largo de nuestra vida. En algunas ocasiones se elevan, por ejemplo, cuando realizamos durante un tiempo una actividad física o deporte. Pero en otras ocasiones se ven mermadas por motivos como el envejecimiento, el estilo de vida sedentario, el estrés… 

Cada día sometemos al cuerpo a una serie de actividades como trabajar, limpiar, correr detrás del autobús o subir la compra que ponen a prueba a nuestro cuerpo. Estas demandas físicas la mayor parte del tiempo son menores o iguales a nuestras capacidades por lo que podemos asumirlas y nos sentimos bien, sin dolor.

Pero ¿qué pasa si un día en que nuestras capacidades se ven disminuidas o aumentamos nuestras demandas?  En ese momento nuestro cuerpo se ve sobrepasado. Si es un hecho puntual en el tiempo puede que no haya consecuencias. Pero si mantenemos la situación es posible que comiencen a aparecer dolor y lesiones

¿Qué hacemos ahora? Es el momento de tomar las riendas de tu vida y buscar una solución. Quizás comience por pedir ayuda a un profesional de la salud para mejorar tus capacidades físicas o recuperarte de esa lesión. Tu cuerpo necesita ahora que lo cuides y lo pongas apunto para volver a subir tus capacidades.

Por otro lado, piensa que a veces creemos que podemos con todo y empezamos a asumir tareas sin delegar en nadie. Quizás puedas disminuir tus demandas y adecuarlas más a tu estado actual para poder mejorar tu salud. Busca de nuevo el equilibrio entre ambas para recuperarte pronto. 

No debemos olvidar que nuestro primer hogar es nuestro cuerpo. ¿Cuánto tiempo dedicamos  a cuidarlo como cuidamos de nuestra casa? ¿Qué haces para mejorarlo?

Dolor Referido de Hombro, tan real que parece de verdad.

Hoy quiero exponer un caso real de dolor de hombro muy cercano, tan cercano que el caso soy yo misma.

Hace unos días y tras una sesión de ejercicio en la que se comprometía bastante el hombro, me levanté con un dolor en la cara anterior del hombro derecho que me impedía casi todos los movimientos, pero sobre todo subir el brazo por encima de los 90º para alcanzar un plato del platero, peinarme.. y dormir sobre ese lado era toda una odisea.

Por el tipo de dolor que tenía, estaba segura que tenía una tendinitis en el bíceps. Siendo sincera, si una persona llega a la clínica y me cuenta esta sintomatología, hubiera apostado al 95% que tenía una tendinitis… ¡Y hubiera fallado!

Ese día fue un día fuerte en la clínica y no tuve demasiado tiempo para mirarlo, así que el dolor y la impotencia funcional fueron a más.
-¡Ya decía yo que había tardado mucho en lesionarme haciendo Crossfit, no vuelvo a pisar el box!- llegué a pensar.
Si el día no fue del todo bien, no quiero recordar la noche que pasé, pues a cada movimiento me despertaba por el dolor, así que a la mañana siguiente me levanté decidida a ponerle solución.
La perspectiva de mi propio dolor y su posible causa empezó a cambiar cuando al abrocharme el sujetador (que implica un movimiento de rotación interna de hombro), el dolor en la cara anterior del hombro aumentó considerablemente.
Lo primero que hice al llegar a la clínica fue hacerme una ecografía, y cuál fue mi sorpresa, que el tendón de mi bíceps y el resto del hombro estaban perfectamente.

                                            – Entonces, ¿por qué me duele tanto el hombro?– Pensé

Mi mente empezó a sospechar ya esa misma mañana que quizás la causa de lo que me pasaba no estaba en el mismo sitio donde tenía el dolor, sino que su causante estaba un poco más lejos y lo que tenía era un DOLOR REFERIDO. Y el músculo INFRAESPINOSO se convirtió en el principal sospechoso.

El INFRAESPINOSO es un músculo situado en la parte posterior del hombro, que se encarga junto a otros, de la rotación externa del hombro y de la estabilización de la articulación.

Localización anatómica del músculo infraespinoso

Volviendo al día antes de que empezara el dolor, el ejercicio que había estado haciendo implicaba repetir una posición de hombro un poco “rara” llamada “Posición de Rack”. En esta posición se hace flexión de hombro a 90º, con flexión casi completa de codo, de modo que la barra reposa sobre la cara anterior del hombro y las clavículas.

Posición de Rack

Esa posición, aparte de exigir buena flexibilidad, conlleva una separación de las escápulas y aducción del hombro. La repetición de este movimiento hizo que el infraespinoso se sobrecargara y aparecieran los famosos puntos gatillo.

¿Qué caracteriza a un punto gatillo? Que irradia dolor hacia zonas situadas a distancia y que este dolor aumenta con la presión sobre el punto, la contracción o el estiramiento del músculo afectado. Ahora todo tiene sentido:
1. El patrón de dolor referido del musculo infraespinoso es:

Dolor Referido Infraespinoso

2. En la flexión de hombro por encima de la cabeza, el manguito de los rotadores, entre los que está el infraespinoso, si activa para dar ESTABILIDAD al hombro. Por eso me dolía cuando intentaba alcanzar un plato del platero o colgar el abrigo en la percha.

3. Cuando hacía un movimiento de ROTACIÓN INTERNA, como abrocharme el sujetador, el músculo infraespinoso se estiraba, despertando de nuevo mi dolor.

El tratamiento fue tan sencillo como realizar punción seca en los puntos gatillo del infraespinoso y hacer un par de ejercicios de manguito de rotadores.

Y así fue como el dolor referido llego a parecerme una tendinitis, y como el razonamiento clínico me salvó de hacer un tratamiento incorrecto y alargar la lesión y me permitió volver a hacer deporte a los pocos días.

¿Dolor en el talón? Puede que tengas fascitis plantar.

Antes de empezar a hablar de fascitis plantar, primero es interesante que conozcas qué es la fascia plantar.

Como ya os contamos en este post, fascia, viene del latín y significa “banda que ata”. Es tejido conectivo grueso y resistente que te envuelve de la cabeza a los pies (incluyendo músculos, órganos, huesos, nervios…).

La fascia plantar se define como un tejido fibroso y elástico, que cubre la mayor parte de la planta del pie, y que se origina en el hueso del calcáneo (hueso del talón), hasta insertarse en la base de los metatarsianos (dedos). Se encarga de estabilizar y dar sostén a todo el conjunto del pie; articulaciones y arco plantar.

Fascitis plantar

Una de las patologías más frecuentes que se pueden encontrar en el pie es la fascitis plantar. Muchos profesionales defienden que esta patología representa el 15% de todas las lesiones del pie. Esta afectación se caracteriza por provocar dolor en la zona de la planta del pie, más comúnmente localizado en el área del hueso calcáneo. En ciertas ocasiones también puede ocasionar dolor en la zona interna del tobillo. La fascitis puede llegar a ser muy limitante en muchas de las actividades de la vida diaria.


Causas de la fascitis plantar

Hay varias causas o factores de riesgo por las cuales se puede producir fascitis plantar. Las más importantes son las siguientes:

  • Aumento de carga física o deportiva, o cambio repentino en la misma.
  • Alteración del arco plantar, ya esté aumentado o disminuido (pie cavo o pie plano).
  • Tensión o retracción del tendón de Aquiles, que es la unión de los músculos gemelos y soleo sobre el hueso calcáneo.
  • Uso de calzado inadecuado.
  • Obesidad o aumento de peso repentino.
  • Otros factores agravantes de esta patología (o incluso a veces iniciadores) son ciertas enfermedades reumáticas tales como la artritis, diabetes, cambios hormonales durante el embarazo, etc.

Sintomatología de la fascitis plantar

El síntoma predominante que conlleva esta lesión es el DOLOR. Más comúnmente, la zona de la planta del pie que presenta más dolor es el talón, aunque el dolor se puede extender por toda la planta del pie hacia los dedos, o incluso ascender hacia la zona interna del tobillo y el tendón de Aquiles. Se describe como un dolor sordo y agudo, pudiendo percibir pinchazos, más frecuentemente en el talón, o sensación de ardor. Muchos pacientes en clínica lo describen como “si pisase cristales”.

El dolor aparece normalmente al levantarse por la mañana, al incorporarse a estar de pie cuándo se ha estado sentado, o al inicio de la actividad física o deporte en cuestión. En muchas ocasiones llega a incapacitar totalmente la actividad deportiva. El dolor puede llegar a producir cojera, y aumenta al cargar el peso sobre el pie, por ejemplo, al subir o bajar escaleras.

Otros síntomas que puede llegar a provocar la fascitis plantar son una ligera hinchazón y enrojecimiento de la zona, pudiendo estar acompañado de un aumento de sensibilidad y tensión del pie.

Tratamiento de la fascitis plantar

El tratamiento de la fascitis plantar va dirigido fundamentalmente a la reducción del dolor, proporcionando elasticidad al tejido fascial y reduciendo la inflamación producida.

A parte del tratamiento fisioterapéutico propiamente dicho, si sospechamos de alguna alteración en la pisada, la ayuda de un podólogo puede ser de gran ayuda, con el objetivo de prevenir siguientes apariciones de esta patología.

Ahora bien, dentro del campo de la fisioterapia, utilizamos técnicas de terapia manual en la zona de la fascia y musculatura adyacente, técnicas de manipulación y movilización sobre las diferentes articulaciones del pie, y estiramientos manuales de la fascia plantar y de la musculatura que favorece la retracción de la fascia y punción seca en la misma. A su vez, la enseñanza por parte del fisioterapeuta y el aprendizaje por parte del paciente de autoejercicios es importante en el transcurso del tratamiento.

Para reducir la inflamación y acelerar el proceso de recuperación se aplican algunas formas de electroterapia y en el Centro de Fisioterapia Felicidad Rodríguez, acompañamos este tratamiento de INDIBA, la radiofrecuencia más eficaz del mercado.

¿Conoces Elvie? Una manera revolucionaria de Entrenar tu Suelo Pélvico

¡Me lanzo al formato vídeo! Y me estreno en Youtube presentando el Elvie, un gadget muy interesante para el trabajo de suelo pélvico.

Crossfit y Suelo Pélvico

Como ya confesé hace unos días por Instagram, llevo un poco más de un mes haciendo crossfit. Una fisioterapeuta de suelo pélvico haciendo deportes hipepresivos. ¡Que contradicción! ¿no?

Objetivamente no es una práctica deportiva que recomendaría a alguien con problemas de suelo pélvico, igual que no la recomendaría a alguien con un esguince de tobillo o cualquier otra lesión musculoesquelética sin tratar. Pero si mi suelo pélvico está sano la pregunta es ¿y por qué no?

Así que partimos de la base de que tengo un suelo pélvico sano y seguimos con la premisa de que quiero seguir teniéndolo: ¿cómo lo hago entonces? Leer más