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Pollo, jamón y puding de frutas, para explicar la FASCIA

Soy fisio hasta en la cocina, y he de confesar que la divulgación no me desagrada, estaba el otro día, partiendo un trozo de pollo a la hora de comer y me topé con esto, y no pude evitar acordarme de mis pacientes, esos que mantienen mi mente activa 24h al día.

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Perdonad, esta última ha salido movida, pero fue la emoción del momento 

Cada día, durante la práctica clínica, explico al menos una vez, qué es eso de la fascia. Cuando le dices a algún/a paciente que vas a hacerle una técnica fascial, la respuesta más común es  –“¿facial? ¿en la cara?”-. Respondo que no, y entonces viene la difícil tarea de explicar qué es la fascia.

Como ya dijo Einstein, “no entiendes algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela”. Después de ver algunas caras, en respuesta a mi explicación, pensé que quizás no estaría mal volver a estudiar aquello que estudiaba en la carrera y que por aquel entonces me parecía inútil: ¿bioquímica? ¿histología? ¿fisiología? ¡¡A mi enseñadme a tratar personas y no células y sistemas!!

Este pensamiento es bastante común en primero (y en segundo), cuando todavía no sabemos la falta que nos harán esos conocimientos en el futuro. Son esas asignaturas los que nos darán la capacidad de análisis y de construir técnicas y tratamientos. ¡¡Aprovechadlas jovenzuelos!!

He decidido hacer pública esta vuelta a los orígenes, quizás la entrada quede demasiado “pesada” para aquellos que no sean profesionales, y demasiado “light” para aquell@s que trabajáis terapias fasciales. De entrada, lo siento, pero me parecía bueno exponerlo porque seguro que hay gente que sabe más que yo y me puede corregir muchísimas cosas.

Empezaré definiendo qué es la fascia; pues bien, después de pasar por antropología y de conocer a cierta persona (hola Lucía), soy un poco más fan de la Etimología. Y por ahí, voy a empezar definiendo la fascia, según el diccionario etimológico de la Universidad de Salamanca la palabra fascia, viene del latín y significa “banda que ata”. Me parece un concepto bastante gráfico para empezar.

Es un tejido conectivo grueso y resistente, que se extiende a lo largo del cuerpo en una red tridimensional, desde los pies a la cabeza, sin interrupción. Rodea todos los músculos, huesos, nervios, vasos sanguíneos y órganos del cuerpo humano, llegando hasta el nivel celular. Sus principales funciones son dar soporte, forma y protección al organismo.

En definitiva, es una media que nos envuelve. Mentalmente, podemos imaginarnos una bolsa de tacos de jamón envasada al vacío, donde el plástico envuelve cada uno de los taquitos y agujeros que hay entre ellos, pero siempre es el mismo plástico. Pues bien, eso es la fascia.

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Y ¿por qué es tan importante la fascia?

Se ha demostrado, que la fascia tiene terminaciones nerviosas, siente y por lo tanto, puede ser origen de dolor. Algunas cuestiones que se plantean sobre las condiciones o los trastornos de los tejidos blandos, estarán incompletas o las respuestas serán limitadas en el ámbito práctico (también en el teórico) si  no consideramos el sistema fascial.

Existen dos conceptos importantísimos a la hora de hablar del sistema fascial, uno proviene de la arquitectura, la tensegridad, y otro de la química, tixotropía, pero ambos adaptados al cuerpo humano, que al fin y al cabo es eso. Física, química y arquitectura.

El CONCEPTO DE TENSEGRIDAD, lo hemos “robado” a la arquitectura. La palabra viene de la fusión de tensión e integridad y debemos su origen a Buckminster Fuller (1895-1983), arquitecto americano. Pero fue Donald Ingber, el que en los 70, relaciona este concepto arquitectónico con el modelo mecánico de la célula.

El principio de tensegridad consiste en unir en una misma estructura elementos en compresión y elementos en tensión. De tal manera que se crea un equilibrio, generando una autoestabilidad, independiente de la gravedad, de modo que si aplicamos una fuerza que produzca una deformación a la estructura, se producirá una reorganización de toda la estructura para volver a acomodarse y ser estable en este nuevo estado.

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En el cuerpo humano, los elementos rígidos y en compresión serían los huesos, mientras que la miofascia, representa el componente de tensión. Si nos vamos a nivel celular, los microfilamentos, son los elementos tensiles, y los microtúbulos son representativos de los puntales de compresión.

 

Este concepto es esencial tenerlo claro a la hora de tratar un tejido como la fascia, pues cada cambio provocará la adaptación de toda la estructura, y como ya dijimos anteriormente, la fascia es un “contínuum” que vas desde la cabeza a los pies. Así que la próxima vez, que alguien te pregunte “¿qué tendrá que ver el estómago con el cuello?” .Ya sabes que responderle.

El CONCEPTO DE TIXOTROPÍA, lo hemos cogido prestado de la química. La tixotropía es una propiedad que tienen algunos fluidos no-newtonianos.

Es el caso de la fascia. La fascia es un coloide (estado de la materia en el que un sólido o un liquido esta disperso en otro). Básicamente la fascia es un “pudding de frutas”, en el que hay muchos trocitos de fruta, (las fibras de colágeno y fibras elásticas) flotando en el flan (que es la sustancia fundamental).

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Los coloides, no son rígidos, se van adaptando al recipiente que los contiene*, y este coloide en concreto tiene la propiedad de la que hablamos anteriormente, la tixotropía: cuando es mecánicamente alterado, se vuelve más fluido, mientras que si se deja en reposo o la fuerza no es suficiente, esta sustancia se volverá más rígida. (Proke, Morgan, et al. 1993).  Vamos, que si mueves un yogur, se vuelve más liquido, ¿o no?. Y si mueves agua, se queda igual ¿verdad? Pues esa es la diferencia.

Este concepto, como el anterior, es muy importante a la hora de realizar un tratamiento, pues es precisamente la presión, la cizalla o el estiramiento que nosotr@s hagamos sobre este tejido, lo que lo volverá más fluido y lo ayudará a equilibrar las tensiones, en el sistema de tensegridad del que hemos hablado antes.

Existen también teorías sobre que las EMOCIONES y el estrés generan también tensiones o adherencias en este sistema de tensión-compresión. Se ha demostrado que ciertos mediadores del estrés, pueden hacer que el tejido conectivo se contraiga, independientemente de la actividad muscular, generando un desequilibrio. (Heike Jaeger, 2003)

Cuando aplicamos un tratamiento, estas tensiones se liberan, igual que lo hacen las tensiones producidas por causas físicas, y en ocasiones, pueden dar lugar a una liberación somato-emocional. No os preocupéis, esto no ocurre la mayoría de las veces, pero por lo menos, si os ponéis a llorar durante la sesión, o incluso cuando lleguéis a casa, no tengáis miedo, vuestro sistema está volviendo a su equilibrio.

No es brujería, es ciencia.

*He aquí mi reflexión, si el tejido conjuntivo/fascia es una estructura que contiene y da forma, ¿cómo se adapta al recipiente? ¿qué contiene al tejido conjuntivo? Mi idea es que mediante la tensegridad se contiene el mismo, pero ayudadme si estoy equivocada